Paradiso

Se le pararon las manos
todo un minuto.
Olvidado el gesto
lento
del pasar las páginas.

Tenía la nariz llena de madera
y crujidos. Los pies
descansaban sobre oscuras
pero amables tablas
enceradas por años
con el ir y venir de pisadas
ansiosas de letras.

Ojos de caracol que desde arriba
le dan una visión
más que de águila,
coruja buscando con pasión
la presa
en negro sobre blanco impresa.

Subía lentamente la escalera
curvando sensualmente la mirada.
Dedo a dedo se quitaba el guante
pasando de la prosa
al verso y al ensayo.

En su torre o tras su mesa los porteros
dan el pase al festival de la palabra,
caballeros siempre en gesta que rescatan
en estantes los navíos que naufragan.

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Autoayuda al bolsillo

Vendo futuro a cuenta
todo colores pastel:
lo consigues si lo intentas,
si yo pude tú también.

Te salvaré del abismo
solo con tinta y papel,
vayan pasando de a una:
pago en mano, una firmita
y sonrisa de oropel.

Todas en fila y calladas,
no hablen con las demás,
no vayan a darse cuenta
por verse en la otra mirada
que su problema es el mismo
(se llama capitalismo),
que eso no lo trae mi libro
y se me acaba el negocio
de la autoayuda al bolsillo
de quien la vende barata.

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Trinchera

Defender la alegría como una trinchera 
M. Benedetti

 

Alegre, por variar,
alegre por descompensar
el atragante de angustias
que se nos quieren cruzar.

Alegre por caminar
por fuera de la vereda
siguiendo camino viejo,
senda sin arreglar.

Alegre por resistencia,
que al reloj le quito cuerda
para dársela callada
al corazón cansadito
que no quiere madrugar.

Alegre, resiste, alegre,
cabezazos a la vida,
al golpito las valientes
de sonrisa atrincherada
el muro derrumbarán.

 

Soneto al caballero errado

Alabo tu promesa quijotesca,
juramento a la desesperada,
tan vocinglera cuita malparada
como ridícula broma grotesca.

Pues ninguna labor tan gigantesca
la humanidad vio nunca terminada.
Cruel destino el de esta mascarada
trágica pirueta funambulesca.

De todas las promesas incumplidas
que en los libros de Historia se aborden
la mayor, jamás nunca concebida,
será la que traes como una orden,
presto a la batalla ya perdida:
pretendes acabar con mi desorden.

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Estado de Malestar

“yo comí, cagué y planté
y ahora come su merced”

Se llenaron la boca
con su Estado de Derecho,
su bienestar social,
sus trampas
sus cohechos.

Nos vendieron la moto
del pleno empleo esclavo,
de la bajada del paro,
de los tipos de interés.

Dijeron que Papá Estado
nos iba a cuidar a todas,
mas cuando llegó la hora
de sostener la pobreza
leyeron letra pequeña
de su contrato social
y nos dejaron al resto
las migajas del invento:
su “Estado de Malestar”.

Ya nunca más la risa

Con esto que nos pasa,
quizá ya esté perdida,
quizá los desalojos,
los palos, las caídas
nos roben los segundos
de risas compartidas.

Quizá las concertinas,
los muros, los desahucios,
nos roben la trinchera
del desahogo franco,
la cómplice mirada,
los labios aún bailando.

Quizá tanta mentira,
tanto robo, tanto atraco
a la dignidad, la vida,
le quiten lo bailado.

Quizá sea ya hora
que a tanto perro flaco
sus pulgas se le rían
y ya, que en cada esquina,
en la cola del paro,
la tienda de tu barrio,
la casa de tu tía,
tu hermana o tu vecina,
se escuchen carcajadas
reventando cortinas
y haciéndonos la vida
más digna a cada rato.

Que cada risa floja,
afloje los tornillos
a este sistema infame
que come en nuestro plato.

Nosotras somos manada

Niña tonta, niña triste
estás muy lejos de casa
y la noche es muy oscura.

Sé valiente niña tonta,
sé valiente y no te caigas,
que hay lobos en la espesura.

Yo no quiero ser valiente
ni temer a la caída,
que este bosque no es del lobo,
este bosque es de las niñas
que van con cabeza alta,
da igual de noche o de día,
tontas, tristes o valientes,
todas juntas se sostienen.

Niñas lobas por el bosque
aullando a la luna, fuertes,
son manada, tejen redes,
su mayor arma, ¿lo sabes?,
el amor entre mujeres.